
He visto a los monstruos del crepúsculo
Lanzar por odio a los jóvenes
Al fuego
Y llamar a este fuego, sagrado.
He visto manos decrépitas
Arrancando de los labios del muchacho
Su sueño
Y llamar a su fantasía vicio,
Y decirle esperanza de la patria
En una patria sin esperanzas.
He visto a viejos calcáreos
Enjoyar a las jóvenes
Con telenovelas
Casos judiciales
Revistas femeninas
Y huevadas
Y llamarlas luego
Madres del futuro.
Y expender a la luz del día
El alcohol y la coca
Y negar el yodo al cretino
Y ocultar la rosa
Y quemar la ciudad
Y los perros y orinar.
Todo esto he visto.
Por eso envidio a Haendel
Ciego como un topo
Pero amado del Sol
Y de las ondas.
Luis Hernández
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