30.6.08

Cantar de los Cantares, capítulo 7

Coro7:1 ¡Vuelve, vuelve Sulamita, vuelve, vuelve, para que te veamos!

Él:
¿Por qué miran a la Sulamita,
cuando entra con los coros en la danza?
7:2 Hija de príncipes,
que graciosos son tus pasos
con esas sandalias
La curva de tus caderas es un collar
hecha por mano de artistas.
7:3 Tu ombligo es un cántaro
donde no falta el vino con especias.
Tu vientre es como una pila de trigo,
7:4 tus dos pechos cervatillos coquetones,
mellizos de gacela.
Tu cuello como torre de marfil.
7:5 Tus ojos, las piscinas de Jesbón,
junto a la puerta del Bat-Rabím.
Tu nariz es la cumbre del Líbano,
centinela que mira hacia Damasco.
7:6 Tu cabeza se yergue: es el Carmelo,
tu cabellera tiene reflejos de púrpura;
un rey se halla preso en sus trenzas
7:7 ¡Qué bella eres, qué encantadora,
oh amor, en tus delicias!
7:8 Tu talle se parece a la palmera;
tus pechos, a los racimos.
7:9 Me dije: subiré a la palmera,
míos son esos racimos de dátiles.
¡Sean tus pechos como racimos de uvas
y tu aliento como aroma de manzanas!
7:10 ¡Tus palabras sean
como vino generoso!

Ella:

7:11 Yo soy para mi amado,
y su deseo tiende hacia mí.
7:12 Amado mío, ven, salgamos al campo,
pasaremos la noche en los pueblos,
7:13 de mañana iremos a las viñas;
veremos si las parras han brotado,
si se abren las flores
y florecen los granados.
Allí te entregaré todo mi amor.
7:14 Las mandrágoras exhalan
su fragancia.
Mira a nuestras puertas
esos frutos exquisitos,
nuevos y añejos,
que guardaba para ti, amado mío.

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